Ayudas al Diagnóstico en Osteopatía (parte III)

El sacro como lesión adaptativa nos dirige a la lesión llave

No hablaremos aquí de las lesiones llave del sacro, debidas a un choque directo o un parto difícil: sacro bajo, sacro post partum; esto ya ha sido descrito muchas veces, asi como su forma de diagnóstico y tratamiento.
Sólo consideraremos aquí el sacro como zona de escucha de las fascias del cuerpo, estructura a partir de la cual los tejidos del cuerpo pueden llevarnos a otras lesiones llave.

Para acercarnos a la causa de esta disfunción, podemos proceder de la manera siguiente:

1. – La base del sacro se inclina lateralmente hacia un lado u otro.

En torno a un eje anteroposterior que pasa a la altura de S2.
En tal caso, con una mano aún deslizada por debajo del sacro, proceder de la manera siguiente:

  • Primero, poner la otra mano en el fémur hacia el cual bascula el sacro y sentir si esta mano está atraída hacia abajo. En caso afirmativo, pensar en un problema de la rodilla o, más frecuentemente, del tobillo.
  • Si el fémur tira hacia arriba, poner la misma mano en el ilíaco hacia el cual bascula el sacro y sentir si el ilíaco y el sacro están atraídos el uno hacia el otro. Si la respuesta es positiva estamos ante una lesión llave o adaptativa de esta articulación sacroilíaca.
  • Si el fémur va hacia arriba y el ilíaco bascula hacia él, se trata de una lesión coxofemoral.
  • Si no observamos una disfunción esquelética en el miembro inferior o en la articulación sacroilíaca en el lado hacia el cual bascula el sacro, poner la yema de los dedos de la mano libre por debajo de L5 en el lado opuesto al lado hacia el cual bascula el sacro (lado alto de la base sacral).
    Sentir si este lado de L5 tira hacia abajo (cuando del mismo lado S1 tira hacia arriba). En caso afirmativo, pensar en una lesión del sacro-L5.
    Podemos notar algo similar en el caso de un problema L4-L5.

2.- El movimiento del sacro es anormal.

Pero no notamos ninguna anomalía osteofascial. Entonces ahora podemos proceder a un examen visceral en dos fases:

  • Con una mano aún deslizada por debajo del sacro, ponemos la otra mano bien estirada transversalmente en el ombligo. Se percibe si las dos manos están atraídas la una hacia la otra, si en la mano que está por debajo del sacro se siente una respuesta de los tejidos.
    Esto casi simpre nos indica un problema digestivo, tirando los tejidos hacia la zona en lesión.
  • Si el test anterior es negativo, con una mano por debajo del sacro, ponemos la otra mano transversalmente justo arriba del pubis. Si hay una respuesta, pensar en un problema situado en la pelvis menor, en particular en un problema de útero en la mujer o de próstata en el hombre, o también un problema de vejiga o de recto, en el hombre o en la mujer.

3.- El sacro gira en torno a un eje vertical.

Un eje que pase por su centro.
La mano deslizada por debajo del sacro tiene la sensación de que un lateral del sacro avanza ventralmente mientras que el otro retrocede dorsalmente.
En este caso, pensar en la posibilidad de un problema craneal: el occipital gira en torno a un eje vertical (por ejemplo en caso de “strain lateral”) y el movimiento se transmite por la duramadre al sacro que efectúa el mismo movimiento. Habrá que investigar el cráneo en general.

4.- El sacro está en flexión o en extensión.

Alrededor de un eje transversal que pasa por S2.
Las causas pueden ser múltiples:

  • Fundamentalmente se trata de problemas locales.
  • Aunque a veces, es consecuencia de un problema situado más arriba, en particular craneal.
  • Aunque infrecuente, también existe otra posibilidad, que hay que conocer. Si encontramos un sacro bloqueado en extensión, sobre todo si observamos lo mismo en las distintas consultas sucesivas, pensar que eso puede ser la manifestación sacra de una lesión de la base del cráneo (occipital en extensión) a raíz de un parto difícil. Basta con examinar el cráneo para confirmar nuestra primera impresión. Hay que hacer notar que, en el adulto, es más fácil observar este tipo de problemas en el sacro que en la base del cráneo.
    Además, podemos notar que estos sujetos a menudo tienen problemas relacionales y comportamentales, lo que a nosotros, osteópatas, no nos sorprende en absoluto y sólo confirma una vez más el valor del concepto osteopático y de los trabajos de W.G. Sutherland, R. Becker, V. Frymann, etc.

Ayudas al diagnóstico en Osteopatía (parte II)

Indicaciones que nos da el occipital cuando está en lesión adaptativa.

En el occipital podemos encontrar lesiones llave en las diferentes suturas, en la sínfisis esfenobasilar, en la relación occipital-atlas…

Si el occipital está en lesión adaptativa nos sugiere dónde buscar la lesión llave.

Exponemos, a continuación, algunos ejemplos extraídos de “Aportaciones al diagnóstico en Osteopatía” de Jean Claude Pouey:

  • Si el occipital está globalmente atraído hacia abajo:
    1. Desde la escama: nos remite al sacro (un “sacro bajo”) o a la duramadre espinal (la percepción de C2 nos dirá si la lesión está en el manguito dural occipital- C2C3, o en la duramadre entre C2C3-sacro).
    2. Desde la basilar: nos orienta hacia el territorio visceral (parte anterior).
  • Si bascula lateralmente, respecto a un eje anteroposterior, es también una indicación visceral (hacia el lado que gira).
  • Si un lado tira hacia abajo (sólo el occipital, sin que baje el temporal homolateral) y C2 también lo hace del mismo lado, nos sugiere una lesión vertebral más abajo. Si C2 no baja, nos indica un problema en la zona occipital-atlas-axis.
  • Si bajan occipital y temporal del mismo lado, nos remiten hacia el territorio visceral de ese lado.
  • Si está globalmente en extensión o tira hacia dentro de cráneo, la lesión será craneal.

Ayudas al diagnóstico en Osteopatía (parte I)

Cómo distinguir si la lesión llave se encuentra en el cráneo o en el resto del cuerpo

Esto está basado en las lesiones globales del cráneo. Aunque a alguien le sorprenda, no decimos lesiones de la SSB, porque nos referimos a lesiones adaptativas de la SSB que nos orientarán hacia la lesión llave.

En la SSB podemos encontrar:

  1. Lesiones llave, por traumatismos (físicos o psíquicos). Lo trataríamos como hacemos siempre con técnicas funcionales tomando con una mano el occipital y con la otra las alas mayores del esfenoides.
  2. Lesiones adaptativas de la SSB (son las que se describen clásicamente como flexión, extensión, torsión, F.L.R., strain lateral, strain vertical).

Estas lesiones adaptativas de la SSB so las que nos ayudan a buscar la lesión llave.
Realizaremos la escucha o percepción de la base y de la bóveda del cráneo.

Dos posibilidades:

  • Si encontramos la misma lesión de las anteriormente descritas en la base y en la bóveda, nos sugiere que la lesión llave se encuentra en el resto del cuerpo (especialmente si es una F.L.R.).
  • Si encontramos distinta lesión en la base que en la bóveda, nos sugiere que la lesión llave está en el cráneo (particularmente si están en extensión o si son percepciones contrarias), sobre todo si encontramos torsión o strain lateral contrarios en base y bóveda.

Estos son extractos seleccionados del libro de Jean Claude Pouey (Aportaciones al diagnóstico en Osteopatía).

La parte II será “Indicaciones que nos da el occipital si está en lesión adaptativa”.

La parrte II será “Indicaciones que nos da el sacro si está en lesión adaptativa”.

Complementariedad de la Anamnesis y el examen

Sólo el interrogatorio ya orienta nuestras investigaciones.

Lo completaremos durante el examen clínico, porque el sujeto puede haber olvidado señalarnos un problema que nos indican los tejidos. Por ejemplo, percibimos una lesión osteopática de un tobillo y, a una pregunta nuestra precisa, el paciente recuerda que, de hecho, sufrió un esguince hace ya unos años.

En este momento es cuando hay que cotejar el examen con el interrogatorio, para tener la explicación y la confirmación de lo que estamos percibiendo. Por ejemplo, si el sujeto durante el interrogatorio nos ha referido que tuvo hace unos años una pleurítis derecha, no nos sorprenderá encontrar una disfunción de dicho pulmón.

Debe entenderse el examen como una prolongación del interrogatorio, que debe llevarnos a una comprensión osteopática del estado del paciente.

Cronología de los hechos, dada por la anamnesis, y comprensión del problema

Como intentamos realizar tratamientos etiológicos, es importante comprender el encadenamiento de los hechos.

Cuando un paciente viene a consultarnos, es porque su entidad somatopsíquica ha sido superada en sus posibilidades adaptativas.

Su organismo ya funcionaba, a tal o cual nivel, al límite de sus posibilidades compensatorias cuando ocurrió un acontecimiento suplementario que hizo que resultase desbordado.

Decir que un sujeto tiene un lumbago porque se ha agachado para levantar algo pesado es incorrecto. Este movimiento no fue sino la gota de agua que desborda la copa. Estaba en prelesión, y este movimiento (u otro), que ha hecho miles de veces antes sin problemas, provocó ese día un lumbago. ¿Por qué?, ¿qué ocurrió en su reciente historia personal que le había colocado en este estado de precariedad?. Al proseguir el interrogatorio nos enteramos de que un tiempo antes de tener este lumbago, por ejemplo, había tenido un problema digestivo o un problema renal o de cualquier orden. Entonces comprenderemos las contracturas de la musculatura profunda que sentimos (psoas, cuadrado lumbar, etc.) que no son sino consecuencia de este problema inicial y que había colocado al sujeto en un estado de inestabilidad; estaba predispuesto, a tener un lumbago (los auténticos lumbagos de esfuerzo existen, pero son muy escasos).

El interrogatorio, con la cronología de los hechos que nos comunica, a la par que el examen, nos permite comprender lo que pasó. En esta masa bruta de informaciones, que nos da la escucha de los tejidos, el interrogatorio nos permite poner orden. Al escuchar el cuerpo del paciente, percibimos cuáles son las secuelas que dejaron las viejas patologías que nos ha señalado el paciente; podemos tener alguna idea del equilibrio que se había construido alrededor de estas lesiones llave. Y, entonces, podemos intentar descubrir cuál es el elemento nuevo (o cuáles son los elementos nuevos) que ha(n) desequilibrado al sujeto.

Esta investigación no tiene como objetivo el satisfacer una curiosidad intelectual (en el sentido de comprensión del mundo que nos rodea), sino un interés práctico.

Construiremos nuestro tratamiento en función de estos datos. Lógicamente, trataremos primero este o estos elementos nuevos que han dejado al sujeto en lesión. Luego podremos atacar los factores más antiguos que le habían puesto en este estado de prelesión (lo que se llama comúnmente enfermedad crónica y que casi siempre no es más que una disfunción de la que no se ha tratado la verdadera causa), para darle un mejor equilibrio que le permita resistir mejor las agresiones cotidianas de la vida (cosas normales) y no volver a enfermar al dar el más mínimo paso en falso.

La ruptura de armonía que constituye la enfermedad es consecuencia de la suma de varios factores; debemos distinguir cuáles son accesibles a nuestras técnicas y actuar sobre ellos, interviniendo primero en los más recientes.

Formación impartida

Hemos completado la formación prevista (Osteopatía en los campos osteofascial, visceral y craneal), en el periodo 2014 – 2016.

De común acuerdo hemos considerado interesante prolongarla un año más con temas específicos. La primera formación será el 22 y 23 de octubre con el estudio del libro de Jean Claude Pouey “Aportaciones al diagnóstico en Osteopatía”.

La Lesión Osteopática II

LA LESIÓN LLAVE

Llamada así no sólo porque es la lesión inicial, sino la que abre todo un proceso en el conjunto del organismo.

Decimos que una estructura está en lesión llave cuando tiene su movilidad limitada en uno de los sentidos de los tres planos del espacio (frontal, sagital, transversal) y/o de los tres ejes (vertical, transversal, antero-posterior).

Otra forma de distinguirla es atendiendo a la “calidad” de la lesión. Cuando nos hallamos frente a una lesión llave existe una percepción especial, aunque para sentir esto hay que estar familiarizado con las técnicas fluídicas.

En cuanto a terminología, referimos la lesión llave a una estructura individual, específica, aquella en la que sentimos más claramente la pérdida de la movilidad.

Aunque sabemos que, la mayoría de las veces, la lesión se encuentra en la relación entre dos estructuras. Por ejemplo, si decimos que un omóplato está en lesión llave, nos referimos a que ha perdido su movilidad. Podría ser, entre otros, respecto a la parrilla costal (tal vez la lesión osteopática se sitúe en un mal deslizamiento omoserrático, es decir, entre los músculos subescapular y serrato mayor).

EXTENSIÓN DE UNA LESIÓN LLAVE – LESIONES ADAPTATIVAS

Definición

La extensión de una lesión llave a otras partes del cuerpo produce las lesiones adaptativas.

Las lesiones adaptativas se reconocen porque sólo está afectada la movilidad en uno o dos de los sentidos de un plano o eje del espacio.

Se describen por el lado en que existe libertad en el movimiento (por ejemplo, si decimos que una vértebra está en torsión derecha, queremos indicar que, alrededor de un eje vertical, puede girar hacia la derecha pero no hacia la izquierda).

Características de las lesiones adaptativas

  • Una lesión adaptativa puede conseguir que una lesión llave no provoque síntomas. Pero tendremos que tener en cuenta que la lesión llave no ha desaparecido. Si no se ha tratado osteopáticamente, se encontrará adaptada pero persiste y podrá descompensarse en el futuro ante acontecimientos nuevos.
  • El término “adaptativo”, en este contexto, no siempre tiene connotaciones positivas. Las lesiones adaptativas pueden ser, a su vez, fuente de síntomas o problemas funcionales en general, que muchas veces son los que hacen que el paciente venga a consultarnos.
  • Por otra parte, con el tiempo, una lesión adaptativa se convierte en lesión llave y, a partir de ese momento, deberemos considerarla como tal.

Todo esto lo entenderemos mejor cuando hablemos de diagnóstico y tratamiento.

Formas de transmisión de una lesión llave

  • Por continuidad osteofascial

Por ejemplo, un esguince de tobillo, a través del conjunto osteofascial de la pierna, repercute en el iliaco, y los ligamentos iliolumbares tiran de L4 y L5, produciendo un cizallado que podría dar lugar a una ciática.

  • Por vía refleja

Los receptores propioceptivos, no importa cuál sea su origen, son una fuente importante de aferencias que pueden mantener a las neuronas eferentes de un segmento medular cerca de su nivel de descarga. Esto enlazaría con la definición que nos da I. Korr en el siguiente punto.

DEFINICIÓN FISIOPATOLÓGICA DE LA LESIÓN OSTEOPÁTICA

“Una lesión osteopática corresponde a un segmento medular facilitado, mantenido en este estado por los influjos de origen endógeno que llegan a la médula por la raíz dorsal correspondiente. En consecuencia, todas las estructuras que están bajo el control de las fibras eferentes de este segmento están potencialmente expuestas a una excitación o inhibición excesivas.”

Bases fisiológicas de la Osteopatía, de Irvin Korr.

En el diagnóstico, esta definición nos será útil para la interpretación de nuestra percepción para completar el razonamiento osteopático.

En su libro, Irvin Korr intenta desarrollar el tercer principio de la Osteopatía, la interdependencia entre estructura y función. Pretende dar explicaciones fisiopatológicas, los mecanismos por los que una lesión osteopática produce patología. Mediante su definición, muestra que disfunciones mecánicas, muchas veces por intermedio de alteraciones circulatorias, provocan disfunciones neurológicas, que, a su vez, por vía refleja, pueden producir alteraciones mecánicas, viscerales o circulatorias. La medicina osteopática estudia este tipo de relación causa-efecto.

(Extracto del libro Introducción a la Medicina Osteopática de Fco. Javier Hualde Peruchena).

Nota: consultar la entrada anterior La Lesión Osteopática I.

La Lesión Osteopática I

La expresión “lesión osteopática” es propia de la Osteopatía tradicional y por eso la mantenemos, aunque actualmente se habla de “lesión funcional en la mecánica corporal”.

DEFINICIÓN CLÁSICA – DEFINICIÓN EXPLORATORIA

La lesión osteopática supone la pérdida o restricción de la movilidad fisiológica de una estructura.

Es una noción de movimiento, no de posición, ni estructural; es decir, que sólo se detecta en el movimiento. No aparece en imágenes fijas (Rx, RMN, etc.), ni tiene por qué verse en ecografías o endoscopias. No depende de la forma o situación de una estructura, sino de que mantenga o no su libertad de movimiento.

Una estructura puede conservar su integridad anatómica, pero padecer una lesión osteopática, o tener un mal aspecto radiológico y estar en un buen estado funcional.

El descubrimiento de la importancia de las lesiones osteopáticas es la aportación de la Osteopatía, su originalidad. Éste es el terreno de la medicina osteopática, lo que normalmente se conoce como lesiones funcionales. Una patología funcional es la que está causada por una lesión osteopática. No tiene nada que ver con el origen psicosomático, que es la acepción que se da a “funcional” en la medicina convencional.

Aquí tenemos que hacer unas precisiones importantes respecto a las lesiones osteopáticas:

  • Una lesión funcional puede, y muchas veces suele, dar síntomas más graves que una lesión orgánica. Pensemos, por ejemplo, que una lesión osteopática en un recién nacido puede condicionarle toda su vida.
  • Son lesiones mucho más frecuentes que las lesiones orgánicas. Este tipo de lesiones constituyen la causa de la mayoría de los síntomas que encontramos diariamente en nuestras consultas.
  • Pueden aparecer lesiones osteopáticas en ausencia de lesiones orgánicas o conjunta, pero independientemente, de lesiones orgánicas.
  • Pueden evolucionar a orgánicas. Una lesión orgánica puede aparecer directamente o ser el resultado de una lesión funcional que, con el tiempo, evoluciona a orgánica. Por ejemplo, una lesión osteopática en una articulación propiciará una artrosis precoz.
  • El paciente que sufre como consecuencia de este tipo de lesiones suele ser un incomprendido, tanto médicamente como en su entorno familiar o laboral. Sólo con explicarles la verdadera naturaleza de su problema ya se sienten aliviados.

Y una advertencia:

  • A veces, tanto en lesiones llave como en lesiones adaptativas, en los textos se usan expresiones que pueden resultar equívocas. Por ejemplo, podemos hablar de un “sacro bajo”, pero siendo conscientes de que usamos esta terminología, que puede parecer posicional, simplemente por economía de lenguaje. Resulta más breve que afirmar que nos encontramos ante un sacro que mantiene una buena libertad o posibilidad de movimiento hacia abajo, en un plano frontal, pero que, contrariamente, la posibilidad del movimiento ascendente se encuentra muy limitada o completamente perdida. Son expresiones que forman parte de la jerga osteopática.

No hay que perder de vista lo enunciado al principio: la lesión osteopática es una noción de movilidad, no de posición.

CAUSAS

Las causas de una lesión osteopática suelen ser las que frecuentemente encontramos en la vida cotidiana: traumatismos (físicos o psíquicos), infecciones, inflamaciones, etc.

Un traumatismo puede no causar fracturas, hemorragias, etc. pero eso no significa que no haya sucedido nada; tal vez se oculten lesiones osteopáticas (generalmente esa es la realidad). Lo mismo sucede tras una infección que, aparentemente curada, ha dejado una lesión osteopática. Igualmente tras procesos inflamatorios de cualquier índole.

Muchas veces coexisten, al mismo tiempo, problemas lesionales y funcionales. Por ejemplo, tras un accidente podemos encontrar una fractura y, además, varias lesiones osteopáticas, que, evidentemente, habrá que tratar.

Pero también, pueden darse lesiones orgánicas y lesiones osteopáticas de forma independiente, debidas a causas diferentes.

(Extracto del libro Introducción a la Medicina Osteopática de Fco. Javier Hualde Peruchena).

Nota: consultar la entrada La Lesión Osteopática II.